Al menos déjennos fumar

Publicado el 23 de diciembre de 2012 en madamebovary

En fin, epidemia aparte, hay que ver hasta dónde hemos llegado.

“Dile que si no fuma crecerá. ¡Bah, déjalo! Tampoco su vida es un lecho de rosas”, piensa Leopold Bloom cuando, callejeando por Dublín, camino del entierro de Paddy Dignam, ve fumando una colilla chupada a un niño que está cogiendo las rebañaduras de un cubo de basura. Pienso en lo que pensó Leopold Bloom al ver a mis amigos velados a través de una niebla de humo; además, de mi casa hace años que se adueñaron los aromas del café y el tabaco.

Viene a cuento la reflexión del señor Bloom por esa asepsia social y sanitaria, esa presión propagandística y social sobre quienes mantenemos, digamos, pequeños vicios. El tabaco, el alcohol, el café, el azúcar o las grasas, aun tomados en pequeñas dosis, están proscritos de la dieta y los hábitos de cualquier persona, especialmente si ya tiene cierta edad. Los economistas vienen valorando el coste adicional que tales costumbres añaden a los costes estructurales y los gestores se toman en serio tales advertencias hasta el punto que, desde distintos ámbitos, se pide penalizar a fumadores y resto de personas poseídas por estas pequeñas adicciones.

No se puede negar la buena intención de quienes desde sus conocimientos científicos proponen hábitos de vida saludable, aunque no caigan en la cuenta de la satisfacción que procuran los pequeños placeres; y fumar, beber y comer lo son.

La naturaleza y la edad ya se encargan de levantar barreras cada día más insalvables, de modo que los placeres pasan a ser evocaciones suavemente melancólicas o distendidos temas de conversación, pero con lo que no contábamos era con el ensañamiento que sobre las vidas cotidianas ejerce el sádico quehacer del puritanismo político tan de derechas. Ya no es la antología de imágenes pavorosas que ilustran las cajetillas de cigarrillos, tampoco la ristra de cruces o asteriscos que una máquina insertará al lado del nombre de cada componente de orina y sangre, sino el horror de pensar en la exclusión de la lista de espera ante cualquier dolencia; si las personas frugales ya tienen que esperar años para ser recibidas por un especialista, qué porvenir le espera a una persona fumadora o gorda.

El llamado estado del bienestar nos compensaba con la promesa de vacaciones en Benidorm, gambas a la plancha o estancia en un balneario para tratar la artritis, el hígado y el riñón; incluso por solidaridad con tanto ascético sobrevenido, y sobre todo, para hacer viable el sistema para nuestros hijos y nietos, sirva para ellos lo que se ahorren de mis pastillas para la tos o, puestos en lo peor, de la operación que en un futuro no tendrán que hacerme si llevo una vida virtuosa. De absentismo laboral ya no se puede hablar porque los pocos que tienen trabajo acuden con la cabeza en la mano si es preciso; del mío, ya me alcanzó la jubilación; la pensión, ya veremos.

Pero los conservadores que gobiernan en el Reino Unido, tan adelantados ellos, están cerrando centros de salud y ya no operan para extirpar tumores cancerígenos a los mayores de setenta años, hayan o no bebido, fumado o comido, según pude oír en la radio hace unos días. Aquí, al paso que vamos, la enfermedad será considerada conducta antisocial, así como la vejez, no en vano Christine Lagarde ya advirtió que se vive demasiados años y que eso no es sostenible, no sé si la vida, su precio, o ambas cosas.

Por eso en estos días sin mula ni buey;  ni estrella, pastores y caganer; cuando Papá Noel luce los colores de El Corte Inglés y los Magos viajan en Ryanair, perdidas las esperanzas, la fe, la cita del traumatólogo, los investigadores, el Teatre Lliure, la educación laica de mis nietos, el Registro Civil, la posibilidad de poner un pleito, la manta eléctrica y el Voltarén, no tengo más remedio que decirles que al menos nos dejen fumar.

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2 respuestas a “Al menos déjennos fumar”

  1. Cómo disfruto volviendo a leer estos artículos ¡Oh, madamebovary, siempre tan acertada y maravillosa!
    Un fuerte abrazo y feliz semana.

    1. ¡Cuánto me alegro! El caso es que, ya lo sabes, ahí sigue y con muchas ganas de decir algo. De momento me permite recuperar sus cosas. Gracias, amiga. Un abrazo y feliz semana.

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