¡Llueve!

A media luz, dejando pasar la luz tímida del amanecer, esta mañana crepitaban los cristales de la ventana con el compás casi olvidado de la lluvia ¿Estaría soñando? Pero no. Me he levantado para verlo con mis propios ojos y era verdad, llovía; el húmedo perfume de la tierra mojada, el tamborileo de los cristales, la luz cenicienta no eran una ilusión, no era mi cabeza soñolienta. He desayunado y me he vestido para salir.

El chubasquero, el paraguas, el calzado. Desayunar, asearte y salir a la calle. En el ínterin la lluvia se había tomado un descanso.

Un descanso corto, sereno, sin viento… y de nuevo la lluvia. Pisar charcos, andar por aceras mojadas, mirar el brillo del asfalto… Y los árboles, las ramas atiesadas, las hojas brillantes, los troncos chorreando… Y las hierbas, los matorrales, los tomillos, las retamas, tan floridas en estos días… Y el perfume de la tierra mojada… Y el campo, su gente. «Gentes que rezan a Dios p’a que llueva», canta Pablo Guerrero. De poco sirven los rezos y mirar a las cabañuelas; pero hoy ha llovido, por fin ha llovido.  

 

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Una respuesta a “¡Llueve!”

  1. ¡Y vaya que si llueve! La lluvia tan esperada!

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