El compromiso

3088b1de898296b59db9f9003b0a3190Fumábamos en silencio y de pronto se le iluminó la expresión.

—¿Por qué no esperas un año? —me preguntó— Si para entonces sigues con el empeño, no tengo inconveniente en que la busques, y que sea lo que Dios quiera. Y otra cosa ¿Por qué no dejas ese trabajo y sigues con los estudios?

—Al internado no voy —dije con tal convicción que a mi padre se le alegraron los ojos.

—¿Qué vas a hacer entonces?

—Trabajar y presentarme por libre.

—¿Tú crees? ¿De dónde sacarás el tiempo?

—No lo sé; buscaré otro trabajo, pero al internado no vuelvo.

Más adelante comprendí que mi padre quería ganar tiempo, que no me alejara de la familia, que completara los estudios. Al ver mi determinación, me propuso un aplazamiento y lo consiguió. En un año hay tiempo para muchas cosas, suficiente para olvidar, más a la edad en que todo es nuevo. Acordé con él continuar los estudios por libre y le dije que eso no cambiaba nada. «En cuanto pase el año me voy», le dije, y además insistí en que me dijera dónde estaba Rosa. Entonces me preguntó:

—¿No te has parado a pensar que si ella quisiera sabrías dónde está? ¿Y si quería alejarse de ti?

Alejarse de mí; no, qué va ¡Nos queríamos tanto! Pero la duda penetraba, profundizaba y anidaba con insidia. Cuando le hablaba de amor, rehuía la conversación y volvía la cabeza ¿Por qué no me despidió? ¿Acaso se desprendía de mí? ¡Qué ignorancia la mía! ¡Qué poco sabía del amor y de sus extrañas reacciones!

Me dolió la pregunta de mi padre, más cuando apostilló:

—¿No comprendes que, si quisiera llevarte consigo, te habría esperado, dejado un recado siquiera? ¿Te ha escrito?

Lo miré como si le dijera: ¿Una carta? ¿Dónde? Entonces remató:

—En cualquier caso, ya lo sabes: espera a los dieciocho y decides.

Me dio dos palmadas cariñosas en el carrillo y se fue a la taberna.

Me costaba pensar con orden. La zozobra me reconcomía: Rosa me había abandonado; pero no, buscaba donde asentarse, después me llamaría. Entonces echaría a correr y me reuniría con ella.

Sobre la imagen: Andrei Bolkonski con su padre, Nikolai. Fotograma de Guerra y paz, serie sobre la novela homónima de León Tolstói.

©Alfonso Cebrián Sánchez

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: