Una fábula de nuestro tiempo

20200412_131055En las conversaciones de confinamiento señalamos la grata sorpresa que nos está dando esta primavera: llueve. Llueve como no lo hacía desde tiempo inmemorial, que es como expresar la infinitud: ha pasado tanto que ha rebasado nuestra capacidad de recordar.

En este punto aventuramos una hipótesis: la caída, la disminución —sobre el desplome escribiré en otra ocasión— de la contaminación posibilita el paso de las borrascas primaverales.

Y es un gusto contemplar desde el mirador la alfombra verde salpicada de flores blancas y amarillas, como también lo es oír y escuchar el repiqueteo de la lluvia en los cristales de las ventanas y, de fondo, ver la ciudad envuelta en la neblina.

Pero no todo va a ser lirismo. Allá va esta breve fábula.

 

No se sabe a ciencia cierta si fueron los osos polares, los tigres de Bengala, los pequeños gorriones o las afanosas abejas, el caso es que por todos los confines corrió la voz y vino a celebrarse una nutrida asamblea en la que estaba representada —si no toda— gran parte de la fauna terrestre, excluido el hombre, naturalmente. Esto no puede seguir así, dijo el representante de los osos polares, cuando no haya hielo, ¿dónde vamos a vivir?. Así, cada cual explicaba las calamidades por las que venía pasando, sin alcanzar a ver una solución. Pero alguien levantó la mano y preguntó de manera retórica: ¿No dicen eso de quien a hierro mata a hierro muere? Pues eso…

…Y los peces se volvieron a dejar ver en los canales venecianos, las aguas de los ríos se volvieron transparentes y el aire diáfano. Y abril, con sus inveteradas lluvias, cubrió los campos de hierba y modestas florecillas.

8 respuestas a “Una fábula de nuestro tiempo”

  1. Esa fábula tiene más fondo del que tu prudente forma de ser deja mostrar. Debiera leerse en las escuelas del futuro … cuando las abran, para interpretar y deducir … como hacíamos en nuestra infancia con los textos en latín.
    Un abrazo

    1. Hola, Enrique. La fábula, con toda su modestia, sigue el antecedente de Orwell con su ‘Rebelión en la granja’. En las escuelas del futuro se debería leer, quiero decir eso, leer: abrir un libro, elegir un texto, leer un fragmento y comentarlo; no abandonar nunca las Clásicas, ni la Filosofía, ni las humanidades en general. Tiempo hay para la especialización y para considerar que, si hay algo que caracteriza al hombre, es su pasión por el descubrimiento y la ciencia, y eso viene de la pasión por saber, del amor a la sabiduría, de la filosofía. Un abrazo, Enrique. Y gracias por el comentario.

  2. Tu lirismo y fábula de abril se merecen una felicitación y un agradecimiento.
    Un gran abraza, Alfonso.

    1. Estos días tienen cosas de estas. La fábula es eso, una fábula, pura ficción. El virus es el virus y anda por ahí suelto. Gracias, Isabel. Espero que esto acabe pronto, entre otras cosas, para pedir tu nuevo libro. Un abrazo.

  3. Pienso que la naturaleza nos está dando una buena lección. Lo que no tengo tan claro aún es si saldremos de esta crisis con ella aprendida.
    Besos de abril, Alfonso.

    1. Me temo que se nos irá olvidando. Un abrazo, Chelo.

      1. Pues qué mal, Alfonso.
        Un abrazo.

        1. Trato de ser un pesimista con algo de lucidez. Fíjate esta Europa. Poco a poco va olvidando la matanza no tan lejana. Y el medrar del supremacismo, la xenofobia, el racismo; y ahora el virus. Quiero creer que la juventud comprometida con su tiempo prevalezca sobre tanto ignorante, tan fácil de manejar por los poderosos y reaccionarios. Pocos pero muy influyentes. Un beso, amiga.

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