¡Que hable la literatura!

Dejé Twitter, dejé Facebook: no tiene mérito: hay algo en esas redes que me desagrada, que no me compensa. Son adictivas y consumen demasiado tiempo; quieren tu alma y tu cuerpo, tu conciencia y tu estilo; tus gustos y tus palabras. Es cierto que a nada te obligan, pero el algoritmo tiene la paciencia del alfarero: te propone “amigos”, te incluye en “grupos”, te va modelando y, a través de la aceptación, los ‘me gusta’, te suministra la ración de dopamina (el “soma”) precisa para mantener la autoestima. Mejor fuera.

Aunque no es nada fácil escapar al control. Hace unos días estuve en una óptica. Como llevaba el móvil encendido, en los días siguientes he sufrido un bombardeo de publicidad: gafas de todos los modelos. El teléfono cuenta tu vida: dónde estás, qué haces, qué escribes, qué dices ¿Apagar el móvil? ¿Cerrar cuentas? ¿Salir de las redes? ¿Cerrar el blog? ¿Desaparecer? ¿Dejar de ser?

Como el HAL9000 de 2001: Una odisea del espacio, siento la necesidad de apagarme. Leo la prensa, oigo la radio, veo la TV, y siento un enorme abatimiento, una desgana existencial ante tanta estupidez.

Pero siempre nos quedará la literatura. Buena o mala, tiene el efecto salvador de la palabra, y nos cubre con su manto protector.

¡Que sea ella la que hable!

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37 comentarios sobre “¡Que hable la literatura!

    1. Gracias, Marina. Creo que el hueco de la escalera es un buen sitio donde guardarse y resguardarse. Y muy productivo en cuanto a la creación literaria se refiere. Además, Los Cantones, La Marina, La Torre de Hércules, la bahía de Orzán; y eso sin salir de Coruña. No está nada mal. Un abrazo

    1. La verdad es que hay espacio para intentar alguna actividad interesante, pero el sistema es tan voraz que lo tienes que estar continuamente alimentando: exige todo de ti: cuando caes en la cuenta te ha engullido. De eso se trata.
      Saludos.

    1. Hola, linda María. Parece que los malos tiempos fueran eternos. El caso es que me temo que este mundo me echa y yo me voy, que es lo mismo que juntar el hambre con las ganas de comer. En Toledo han abierto una tabernita en un local que ocupaba una sastrería. El nombre, ‘El Botero’, es el mismo que tenía un local que era algo así como un mayorista de vinos, situado al lado de la Puerta del Cambrón. En la fachada lucían toneles y pellejos; el aroma del serrín impregnado de vino trascendía el arranque de lo que llamábamos ‘La Ronda’. Todo esto viene porque es una bendición de Dios sentarse en la tabernita, que tiene un aire de la de Antonio Sánchez, en Madrid, Mesón de Paredes, Lavapiés, no sé si la mantienen, con pinturas de Zuloaga y fotografías antiguas, y conversar espontáneamente con gentes que pasan y preguntan -uno aprovecha para introducir alguna curiosidad-; no suelen tener prisa, la música acompaña como un susurro, no se ven tabletas ni móviles, se está bien ¿Por qué te cuento esto? Porque eres mi María y sé que puedo.
      Un beso fuerte.

      1. A mi también me invade la nostalgia cuando veo que en mi ciudad desaparecen aquellos lugares en los que yo fui feliz tan solo conociendo, hablando, mirando a los ojos, dejando pasar el tiempo, sin más. Donde la música llenaba los silencios y los silencios estaban llenos de contenido. Me dices que este mundo te echa, pero yo sé que no, que siempre existe un lugar en el que nos sentimos como en casa y que aunque cada vez es más difícil encontrarlo con todo aquello que deseamos, existe… Una vez creí que te había perdido y sentí pena porque si algo me han dado estos medios es encontrar personas como tú, por eso no quiero que desaparezcas ya que si yo soy tu María, tú eres mi Alfonso y tu amistad para mí, no tiene precio. Así que deseo que me sigas contando, hablando, mirando aún en la distancia y sobre todo, sobre todo, que te sigas sintiendo vivo, porque así es como yo te siento, amigo mío.
        Un abrazo inmenso, amigo mío.

  1. ¡Bienvenido a la web! A pesar de los pesares si no fuera por la existencia de este medio no hubiéramos podido conocernos ni conocer nuestra literatura. Creo que debemos saber aprovechar lo que de bueno nos aporta las tecnologías sin que lleguen a constituir un lastre en nuestra vida. Creo que todo radica en una buena utilización de ellas, no esperar más de lo que nos puedan conceder -de bueno-, y admitir sus defectos….
    Me alegro mucho de poder saludarte, Alfonso. Un enorme abrazo..

    1. Sin este medio me hubiera perdido algo grande, eso lo sé. Porque al leerte, al oírte, escucho tu voz, una de esas que tanto valoraba Machado cuando se paraba a distinguir las voces de los ecos. Y eso está muy bien.
      Si renegara de las enormes posibilidades que aportan las tecnologías, estaría tirando cantos a mi tejado: al fin y al cabo me han dado el sustento y grandes satisfacciones profesionales. No en vano el soporte tecnológico es equiparable al de la imprenta con la particularidad de estar dando una nueva dimensión del tiempo, del espacio y del intercambio de información en bruto. Pero la inmediatez crea una imperiosa necesidad de presencia: no eres si no estás. Y el medio modeliza -vaya palabro- la comunicación y el mensaje. Aparte de rechazar profundamente la utilización espuria de nuestros datos y dichos, entiendo que hay una banalización de los contenidos: prima la producción sobre la reflexión.
      En fin, querida Isabel, quizá también tenga que ver el haber rellenado con el siete la casilla de las decenas.
      La tarde del martes oscurecía sobre las salinas de Santa Pola. Una bandada de grullas -creo que eran grullas- trazaba una uve en vuelo bajo sobre la quietud de las aguas. Pensé que como yo estaban a punto de acabar el viaje.
      Un montón de abrazos, amiga.

      1. ¿Y si te digo que te comprendo? Ese siete que has estrenado también lo llevo en mi mochila, y además estoy absolutamente de acuerdo con ese “entiendo que hay una banalización de los contenidos: prima la producción sobre la reflexión” y yo añadiría: priman sobre la calidad literaria el interés mercantilista hacia las personas: número de “me gusta”, número de premios, número de peloteo…
        Pero hay que seguir, querido amigo, y yo espero que sigamos juntos recorriendo el camino.
        Un grandísimo abrazo y que disfrutes mucho en Santa Pola.

      1. El tiempo que le dedicas depende de ti. Por ejemplo, tú dedicas tu tiempo, el que yo conozco, en crear unas estupendas ilustraciones y escribir un texto bien trabado, ameno y entrañable; eso forma parte de tu modo de ser artístico y no tiene nada que ver con las redes: éstas son un medio para mostrar y compartir tu trabajo; el problema viene cuando se convierten en un fin en sí mismas y estás alienado por (o con) ellas, entonces creo que se apropian de ti y son ellas las que te utilizan. Quiero creer que no me ha ocurrido: apenas he pasado por sus dominios. Pero da miedo ver lo que dicen y escriben personas que debieran ser respetables por el hecho de tener a mano un juguetito con el que expresarse. En fin, encontrar el justo medio, que dijeran los clásicos.
        Saludos. También para Pablo.

  2. Bienvenido a tu Blog, a tu casa y por dejarte ver aquí, Alfonso. Todos pasamos o hemos pasado, por esa vorágine que supone querer estar en todas partes donde haya algo que decir o leer en la Red o en las Redes Sociales. A mi me parecen, las RS, divertidas a veces y cargantes e inoportunas en otras. Pero se llevan bien querido escritor, la justa medida, como tú muy bien dices, es la forma de llevarlo. Quizás lo que nos agobie sea esa educación que nos dieron desde que nacimos en la que nos enseñaron que cualquier mensaje misiva o carta, debe ser respondida con puntualidad y tino, no hacerlo puede ser un desprecio hacia quien te lo envía. Pues no, resulta que el tiempo virtual en la Red es el que es y el momento es solo en el que estás disponible para ello, por tanto, como hacemos con la TV, por ejemplo, cuando ya estoy cargado de RS, apago … punto, y punto.
    Un abrazo escritor y, ah, no dejes de escribir nunca, por favor.

    1. Hola, querido Enrique. Las RS, efectivamente, exigen mucha dedicación: he observado que el dichoso algoritmo, además de quedarse con lo que le parece relevante de tu ‘perfil’, te exige presencia y dedicación. Además de eso, quiere saberlo todo de ti, que le vendas hasta el alma a cambio de modelarte como un moderno e impersonal Mefistófeles. Sé que el maldito no puede con quien no se deja, pero me repugnan las prácticas de estos grandes inmorales que se lucran y benefician de la necesidad tremendamente humana de comunicarnos.
      No dejo de escribir: es una necesidad casi física, a pesar de la artrosis y de los dolores inherentes, de momento leves y soportables.
      En ello estoy. En ello estamos.
      Tú tampoco faltes, amigo Enrique ¿Qué sería de este espacio sin tu sentido de la vida y de lo cotidiano? Ya no hay Larras o Mesonero Romanos, pero hay un Enrique Tarrago, imprescindible.
      Gracias y un abrazo.

  3. Me ha encantado la entrada, refleja con exactitud la forma de pensar de muchos que nos sentimos abducidos y controlados por las nuevas tecnologías. Pero, mal que nos pese, al final no somos más que individuos que componen un todo, si queremos tener cierto reconocimiento en lo que realmente amamos no nos queda más remedio que tragar y pasar por el aro. Ojalá la literatura representase un bastión tal y como describes, pero a día de hoy el libro electrónico ha ganado muchos enteros al formato físico, como autor la mejor forma de llegar a tus lectores es a través de Internet y si quisieras llamar la atención de alguna editorial imagino que tu perfil público sería estudiado hasta la extenuación.
    Me temo que el romanticismo ideológico del que hablas ya sólo sobreviva en el interior de un puñado de libres pensadores. Pero más que abatirnos por esta situación, deberíamos sentirnos orgullosos por pertenecer a tan selecto grupo.
    Un saludo y felicidades.

    1. La verdad es que no acabo de adaptarme a este nuevo mundo. Me refiero al del uso de las famosas redes -Por cierto, me ha gustado mucho tu “Esperanza tecnológica”-. La literatura viene a ser un refugio en el que me siento a salvo: me encanta tocar, acariciar, hojear y leer un libro, aunque acepto los nuevos soportes: el lector electrónico viene muy bien para leer en la cama sin molestar y también para viajar. También te diré que, en términos generales, la tecnología que soporta las señales y la información que contienen me resulta fascinante, por más que la conozca. Si nos asombra lo “macro”, el universo y sus misterios, ¿qué decir de lo “micro”, del inmenso vacío existente en la materia, de la capacidad de transformación inherente a la movilidad y energía del electrón? Pero no me deja indiferente la enorme cantidad de contenidos banales y el espacio que ocupa en un mundo de inmensas posibilidades.

      He pasado por tu blog y me ha gustado: un buen diseño y una buena escritura. Gracias. Y gracias también por comentar. Bienvenido.

      1. Muchas gracias por pasarte y por tus palabras. Me alegro que te gustase el relato (tiene cierta conexión con el tema que analizas en este artículo).
        Comparto tu forma de pensar, con solo decir que hoy era el día marcado en el calendario para crear mi primera cuenta de Twitter y solo de pensarlo se me revuelve el estomago… Espero saber limitarlo.

  4. ¡Qué gran verdad! Tan fácil como tocar la pantalla de tu móvil para dejar la huella de tu esencia. Te dejas gobernar y sin que te des cuenta acabas siendo lo que quieren que seas. ¿Por qué no escapar a través de otra puerta: la literatura?

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