Ahora nos toca a nosotros

Imagen tomada de El País

La gran movilización protagonizada por las mujeres en el día de ayer marca un hito en la historia, un antes y un después: ya nada volverá a ser igual. Nos encontramos con un movimiento equiparable al de los negros norteamericanos en demanda de los derechos civiles o el de la juventud también norteamericana por la paz y contra la guerra de Vietnam. En lo social se puede tomar como el equivalente a la revolución de las costumbres iniciada en los años sesenta del siglo pasado.

A mi juicio no se trata de ser ellas, de hacerse feminista, de martirizar la gramática, sino de algo más hondo: dejar de ser machista. Feminismo y machismo no son antónimos: el primero es una elección; el segundo, un modo de ser. No pienso renegar de los juegos de seducción, quiero «amar cuanto ellas puedan tener de hospitalario» y decir obscenidades al oído de mi amante y que ella me las diga. Pero eso sí: no me basta con apuntar bien a la hora de mear, sino ir con bayeta y lejía y dejar el baño como los chorros del oro; no hay que ayudar, hay que hacer; no somos complementarios, ni medias naranjas: somos cada uno, uno, con su propia idiosincrasia. Eso es lo que nos toca. Y, naturalmente, presionar junto a ellas para que desde el Gobierno, el Parlamento y la Audiencia se desarrollen y apliquen leyes que protejan la igualdad y erradiquen la violencia, no con espíritu condescendiente sino igualitario.

Imagen tomada de El País

6 respuestas a “Ahora nos toca a nosotros”

  1. Amén, Alfonso! Ni delante, ni detrás, ni la mitad del otro. Cada uno completo sin dejar de ser dos.
    Mil besos.

    1. Así debe ser. Besos con mucho cariño

  2. Como creo que me conoces un poquito voy a seguir permaneciendo muda pues hay silencios que otorgan y gritan hasta ensordecer. Ayer vi demasiados politicos y politiquillos diciendo e incitando a decir y hacer barbaridades…¡ay esa coacción! está visto que no nos libraremos nunca de ella, ni de la manipulación ni la incitación a la violencia, sí, violencia hacia la decisión libre tomada por muchas personas que ejercían tal derecho. ¿Realmente crees que la violencia está en el ADN del sexo masculino? ¿Son valientes quienes asaltan una clase en la universidad tapándose los rostros e insultando e incluso agrediendo? Esto lo viví yo en mis tiempos jóvenes, o haces lo que yo diga o digamos o te vas a enterar…
    ¡Qué pena que empañen la decisión y las actuaciones de la gran mayoría de las personas que hicieron lo que les pedían su corazón y su razón.
    Mientras, otros leíamos poemas solidarizándonos con quienes debíamos. ¡menos mal que no entró nadie a sacarnos a la calle!
    En fin, Alfonso, ya ves como se hace notar el eco de mi mudez.
    Muchas gracias, amigo.
    Un gran abrazo.

    1. Isabel, el silencio es una forma de combatir el ruido; el tuyo es tan valioso como tus palabras.
      No, no creo que la violencia sea una maldición genética del hombre; sé por edad y experiencia que el machismo es un modo de ser, un estilo de vida, un comportamiento, transmitido a lo largo del tiempo por hombres y mujeres, fundamentalmente mujeres, en el seno de las familias. No me refiero a un machismo culposo y militante, sino a una forma de vida comúnmente aceptada en en la que los roles estaban perfectamente definidos; la violencia -no física- aparece cuando se ponen en cuestión las costumbres establecidas, cuando la mujer no acepta el papel asignado y se rebela.
      En cuanto a las movilizaciones, nada más lejos de mi forma de entender la vida que las violencias inquisitoriales practicadas por algunas figuras destacadas del Me Too o las coacciones practicadas por piquetes embozados en la UCM Somosaguas; nada más lejos de mi sentir que la sarta de estupideces vertidas por profesionales de la política que creen liderar un movimiento que se les ha ido de las manos, nada más lejos de mi estilo de vida que el utilizado por profesionales de la comunicación pasando lista y poniendo marbetes de buenos y malos según se haya seguido o no la huelga…
      … Mi entusiasmo no viene de eso; se fundamenta en «las actuaciones de la gran mayoría de las personas que hicieron lo que les pedían su corazón y su razón». Esas personas tuvieron la virtud de encender las alarmas, a cada uno la suya, de activar o animar una reflexión que necesitamos hacer, en libertad, sin coacciones, poniendo a los violentos y embozados en su sitio, que no puede ser otra cosa que el descrédito que se ganan a pulso.

      Muchas gracias, querida Isabel.
      Un montón de abrazos.

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