Languidece el domingo

Languidece el domingo y me digo: ‘Tienes que escribir una entrada que diga algo’ ¿Qué quiere decir ese «algo»? Darle sustancia al contenido, evitar que lo escrito sea puro juego retórico, fuego de artificio, lujo cultural. Leo La marca en la pared, de Virginia Woolf y disfruto del placer de la literatura, del fluir del pensamiento, de la mezcla de lo poético y lo más prosaico. Ese pensar desordenado es el que tiene mi querida Elisa Rubio en Las aguas del olvido. En El buen soldado, de Ford Madox Ford, el autor dice: «Soy consciente de haber contado esta historia de un modo tan desordenado que tal vez resulte difícil que alguien encuentre el camino en lo que quizá sea una especie de laberinto (…). Y siempre que discutimos un asunto —un largo y triste asunto como éste— solemos saltar hacia atrás y hacia adelante una y otra vez. Recordamos cosas que se nos han olvidado, y más tarde las explicamos aún más detalladamente al advertir que pasamos por alto mencionarlas en el lugar oportuno y que, al omitirlas, hemos podido dar una falsa impresión» (Parte IV, Capítulo I).

Decir algo. Como si la literatura tuviera necesidad de penetrar en los terrenos de la sociología, la historia, la filosofía o la teología para justificarse.

***

La marca en la pared, en Virginia Woolf, Cuentos Completos, traducción de Micaela Ortelli. Ediciones Godot. Buenos Aires, 2012.

El buen soldado, Ford Madox Ford, traducción de Victoria León. Editorial Sexto Piso. Coyoacán, México D.F. 2016.

Las aguas del olvido, Alfonso Cebrián. Amazon, 2017

 

 

10 respuestas a “Languidece el domingo”

  1. Encontrar nuestro interés, provocarnos la sorpresa, despertar las emociones. Quizá ese deba ser el motivo de la literatura.
    Buen lunes, buena semana, querido Alfonso.

    1. Interés, sorpresa, emoción ¿Hacen falta más palabras? Para mostrarnos el mundo, para intentar comprenderlo, están las disciplinas y las ciencias; para sentirlo, el arte.
      Gracias, María. Un beso.

  2. Parece ser que siempre tenemos que estar justificando nuestras acciones, justificar un poema, justificar una novela… Quizá ese tan extendido los sentimiento de culpabilidad y complejo de inferioridad de esta sociedad nuestra que al final nos contagiamos de ella. Todo el mundo sabe, opina, dice y desdice sin tener ni la más remota idea del asunto de que se trate. Adelante pues, Alfonso, y sigue escribiendo como lo haces.
    Gracias por el asunto que abordas hoy.
    Buena semana, amigo. Un fuerte abrazo.

    1. Todo vino porque de madrugada volví a leer ‘La marca en la pared’ -no me canso-. Lo leí en un lector de libros electrónicos de los que se ilumina la pantalla. Se lo recomendó -el lector- Maia Losch a Sofia, que se lo quería regalar a Emma, y ya sabes que lo compartimos todo… Así no molesto a Carmen y leo en los ratos de insomnio. Qué divagación y qué asalto de pensamientos ¿Qué distrae a la autora? ¿La mancha? ¿Las divagaciones? Y la fuerza de las imágenes: «¡Si uno quiere comparar la vida con algo, habría que hacerlo con salir despedida del metro a ochenta kilómetros por hora y aparecer del otro lado sin una sola horquilla en el cabello! ¡Arrojarse a los pies de Dios completamente desnuda! ¡Caer rodando por las praderas de asfódelos como un paquete marrón arrojado por la oficina de correos! Con el cabello al viento, como la cola de un caballo de carrera!». En fin, literatura, como todos los elementos mundanos que por estar integrados en el texto adquieren la condición de literarios.

      Gracias, Isabel. Feliz semana y un gran abrazo.

  3. Me voy a quedar hoy, con esa frase final, Alfonso:
    «Decir algo. Como si la literatura tuviera necesidad de penetrar en los terrenos de la sociología, la historia, la filosofía o la teología para justificarse.»

    1. «¡Arrojarse a los pies de Dios completamente desnuda!» Tiene para unas cuantas tesis. Buenas tardes, Enrique.

  4. “no hay necesidad de apresurarse, no hay necesidad de brillar, no hay necesidad de ser nada más que uno mismo” Virginia Wolf😉😗

    1. Que al final lo es todo, diría yo. Gracias por comentar. Saludos.

  5. Tú escribes «algo» siempre, Alfonso. Eres un grande de las letras

    1. Muchas gracias, Marina; tal elogio, viniendo de ti, se hace muy grande y querido. Un abrazo.

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