Servidumbres de la autoedición 2

Bien. Ya está completamente actualizada mi novela Las aguas del olvido, esto es, con las debidas correcciones de presentación y maquetación, tanto en versión digital como en papel. Y, como suele ocurrir, el viaje, el recorrido, es farragoso pero interesante, de modo que la peripecia, aunque no se impone, alcanza el mismo valor que el resultado, siendo éste no desdeñable, sobre todo cuando intentas, y quieres, que lean una obra tuya. En fin, ¡he aprendido a hacer un libro!

‘¿Y cómo van las ventas?’ La pregunta te cae como un jarro de agua fría, y encima te coge desprevenido. ‘Mal, ¿cómo van a ir?’ Y te confiesas que tu propuesta no ha salido del primer círculo, el de los más allegados. Me dice mi hijo: ‘Papá, asume que eres un autor maldito, y ya sabes, los autores malditos no tienen apenas lectores, eso vendrá después’. ‘¿Y cuándo es después?’, le pregunto un poco mosca. ‘Bueno, después’, me contesta. ‘Tú primero deja bien escrito lo de los derechos, que yo me encargaré del marketing  y esas cosas. Diré: «Mi padre lo único que hacía era escribir; de lo demás no se ocupaba, y cuando lo hacía era extremadamente torpe». Y lo que hoy es una falta, un estigma, una muestra de incompetencia, con el tiempo se convierte en virtud; lo único, pues eso, que hay que estar… Mira la historia de la literatura y dime si alguno de los clásicos tuvo en vida demasiado éxito, y los que lo tuvieron, ¿hasta dónde alcanzaba?’. Tendrá razón, me digo.

No obstante, miro algún manual sobre la autopublicación, pero, ¿cómo seguir sus instrucciones? «En cuanto al tema y la trama, ir al grano desde el primer momento», dice uno, aparte de los consabidos consejos sobre la portada, el texto de presentación; ah, y procurarse comentarios elogiosos. Uno piensa que eso vendrá de suyo, que a alguien se le ocurrirá, porque así lo estime, decir algo en el lugar que crea oportuno. Sin embargo te hablan de recurrir a lectores profesionales, que escriban una reseña, no sé si pagando. Por otra parte, te dicen que hay que saber promocionar: precios bajos al principio, gratis en determinados días. Pero si mis lectores más conspicuos, además de ser los primeros, han pagado por mi libro, ¿ahora lo voy a poner gratis?

Así que, en esas estamos, que es tanto como decir que la novela sigue ahí esperando a los lectores. No aprovecharé los días de promoción —no sería justo—. Y nada, esperar y desear a quienes ya la tengan que disfruten de una buena lectura; y ¿Cómo no? invitarles a comprarla antes de que se agote, porque, no nos engañemos, por muy maldito que uno sea, escribe para que lo lean.

Las aguas del olvido, en Amazon ( https://www.amazon.es/dp/1973326353)

7 respuestas a “Servidumbres de la autoedición 2”

  1. Me he visto muy tentado por la autoedición, aunque ya lo decidiré cuando llegue el momento. Gracias por compartir estas servidumbres (y me apunto Las aguas del olvido para leerla, claro). Un saludo.

    1. Creo que la experiencia merece la pena. Los resultados son los que son. Y te agradezco lo de ‘Las aguas del olvido’. Ya he visto alguno de tus comentarios, y, bueno, quedo muy gustoso de someter mi obra a tu lectura y sentido crítico. Gracias y un saludo.

  2. La aventura es idéntica a la autoedición con una editorial (sobre todo si es una editorial modesta); la diferencia es que los márgenes de venta son mayores y se amortiza antes la edición. Salud.

    1. Sí. Sobre todo si la publicación se realiza bajo demanda; al menos te ahorras el cajón de ejemplares y la inversión inicial. En mi caso pasé por alto los trabajos de edición propiamente dicha: confié en las cualidades de la plantilla que te proporcionan; ahora soy mucho más cuidadoso y trabajo más, pero merece la pena. Saludos.

  3. Te deseo mucha suerte, Alfonso. Es difícil lo de las ventas, pero la satisfacción que te proporciona editar eso no te lo quita nadie. Yo llevo tiempo sin editar, tengo bastantes libros inéditos, y si te digo la verdad me da pereza meterme de nuevo en ese mundo, no sirvo para vender, al final los regalo todos y el beneficio se queda en el placer de haber dejado concluido el trabajo. Pero con mucho gusto leeré tu novela. Isabel, nuestra común amiga, me habló muy bien de ella. Un abrazo fuerte.

    1. Yo tampoco sirvo para vender, pero tiré un poco de ironía para introducir el diálogo posterior; mujer, qué duda cabe que es una gran satisfacción saber que te leen, aunque tampoco es pequeño, y compensa, el placer de ver concluido el trabajo. En cuanto a tus libros, ¿qué nos estamos perdiendo? Porque es un gusto leerte.
      Muchas gracias, Julie. Un abrazo grande.

      1. No te estás perdiendo nada, casi todos mis libros puedes leerlos en mi blog, El tiempo habitado, Polvo Luminoso, Un siglo en Atherton, Amorismos, Canción de tierra para el amor dormido… son pequeñas cosas, pero sí, leeré tu novela con mucho interés. Un abrazo.

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