Tiempo de ceniza – La Revista

Diego no habla de Eugenia Honrubia en su novela. Habla de muchas cosas, de forma somera o pormenorizada, pero no de Eugenia; en realidad no sé por qué no lo hace, digo hablar de Eugenia, un personaje tan rico y novelesco, de su relación, de sus indecisiones, me refiero a las de él, siempre tan inseguro. Así que yo me hago cargo porque en estas historias nada se puede quedar sin contar. En realidad, lo de Eugenia es irrelevante para lo que cuento, me dijo un día que le pregunté, aunque lo cierto es que en aquel momento hablábamos de otra cosa, de cuando nos conocimos, de los comienzos de nuestra relación, de nuestra amistad, de cuando alegremente, sin miedo al porvenir, nos divertíamos porque así se puede decir, confeccionando una revista muy subvencionada. Allí nos conocimos Elvira, Diego, Raquelita y yo, todos bajo la dirección de Amable Freixido, hermano de un amigo de don Manuel, puesto por éste al frente de la publicación, que se llamaría Orzán. Lo que no sabía don Manuel es que Amable en realidad tenía contactos con todo tipo de gente, cada uno con sus ideas y posiciones, de modo que debido a la escasa atención que se nos prestaba, publicábamos artículos muy crípticos y críticos.

Hablaré de la creación de la revista. Y, como no puede ser de otra manera, me detendré en Amable Freixido, su creador y director, con estudios de Filosofía y Letras sin terminar, muy conocido en los ambientes universitarios de Santiago hasta que trasladó el expediente a la Complutense, en Madrid, en seguimiento de una joven de la que se había enamorado. Amable era el hermano pequeño de un mayorista que operaba en la lonja de Ferrol y que proveía a don Manuel de pescado y marisco, fundamentalmente almejas y percebes. Un día, después de comer, a la hora de los cafés y los aguardientes, el mayorista dijo a don Manuel si podía colocar a su hermano, Y qué sabe hacer, le preguntó don Manuel, No mucho, le contestó el mayorista, pero algo se le ocurrirá; seguro que usted sabe donde ponerlo; escribir, escribe bien, al menos eso es lo que dicen.

Una vez en Madrid, don Manuel convocó a Amable a su despacho y, con una carta de recomendación, lo mandó al jefe de publicaciones, quien le asignó un pequeño despacho y una mesa, y lo incluyó en el escalafón con cargo y haberes de Jefe de Negociado, con posibilidades de promoción. Le dijo que al Ministerio, de acuerdo con los nuevos tiempos, le vendría bien una revista que se ocupara de folclore, viajes, libros, gastronomía y cosas así (al parecer, eso es lo que dijo); que le asignaría un presupuesto para gestión, promoción y confección de la revista, y que podría contratar a cuatro o cinco colaboradores. Así que, gracias a los percebes, Amable pasó de eterno estudiante a funcionario de cierto nivel; y nosotros nos hicimos periodistas o algo por el estilo.

Con esas nuevas apareció una noche en el Comercial, ¿Veis? Ya os dije que este tío, que es hijo, algo más que putativo, del obispo de Mondoñedo es un hombre con influencias, dijo el poeta Félix Somozas.

 

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