Paladeando

Tenía sed y pidió una cerveza. Blanca fumaba un cigarrillo rubio y paladeaba un vino tinto.

—Me gusta el vino, cada día más —dijo—. Es difícil que haya una bebida que se asiente tan bien en la lengua; hay que retenerlo y dejarlo que caiga despacio, entonces caes en la cuenta de que posees el sentido del gusto, de que disfrutas con él.

Su voz le sonaba más ronca, o más grave. A través del amplio ventanal se veía gente por la acera, donde seguía el coche sin que a Blanca le importara demasiado. Diego le dijo si no se lo podían retirar, la grúa, ya sabes…

—Bueno, aquí no es fácil aparcar, pero bueno, no quiero comprometer… enseguida nos vamos —replicó ella.

Antes de que Diego se diera cuenta, llamó al camarero y pagó la consumición. Subieron de nuevo al coche y condujo hacia la zona alta de la ciudad, hasta llegar a una pequeña plaza donde lo hizo bajar y aparcó junto a una pared en un espacio inverosímil. Salió del coche y se colgó de su brazo, Vamos a comer, además bien, ya verás, le dijo. Lo condujo por un dédalo inverosímil calles hasta llegar a un viejo portalón con escudo nobiliario que daba entrada a un patio cubierto y ajardinado, Para dos, dijo con familiaridad a una joven que hacía las veces de recepcionista

—¿Sabes por qué estoy aquí? —le dijo serio o solemne.

Blanca lo miró directamente a los ojos y le arrojó una carcajada directamente a la cara.

—Bien, ya me contarás, no hay prisa… No has contestado a ninguna de mis preguntas, no sé si te habrás dado cuenta. Tantos años, tantas cosas, en fin, lo que me hayas venido a decir ya me lo dirás, si es que hace falta; pero dime cómo estás tú, si eres feliz —Blanca lo acorralaba sin dejarle salida.

—Como siempre, a salto de mata. Trabajo para una revista: fiestas, folclore, viajes. No pagan mal y viajo…

—Habrás estado alguna vez aquí.

—Sí, pero muy de paso, hay una especie de corresponsal que lo hace todo, además con mucho cariño. Tampoco sabía que anduvieras por aquí —mintió y ella lo notó; Diego se quería escapar—; sólo eso; nada más…

—Entonces… esto, venir aquí, explicarme no sé qué; tú ahora, al cabo de los años, apareces y trabajas para una revista, viajes, fiestas, en fin, cosas de esas… ¿Y qué más?

—Eso era lo que te quería explicar…

—Vale, ya me lo explicarás; pero antes dime: ¿qué más?

—Pues verás, oigo, escucho…

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9 comentarios sobre “Paladeando

  1. Me alegro de haber descubierto este blog.
    Me encantaría invitarte a tomar un té en el zoco conmigo para que sigamos charlando.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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