Semiótica

La pregunta no coge desprevenida a la joven Amelia, la llevaba esperando toda la mañana, desde que llegó.

La mirada, las palabras, el tono… Hay todo un conjunto de señales para connotar sorpresa, admiración o duda, revelar estados de ánimo, también expectativas. “Las distintas modalidades de la risa, de la sonrisa, del llanto, aunque elementos del paralenguaje, también lo son de la cinésica. En su punto extremo, la investigación sobre las cinésicas altamente culturalizadas llega al estudio de las posiciones defecatorias, de la micción y del coito (y no digamos de las posiciones de los seres en el momento del orgasmo, que no sólo se determina por movimientos fisiológicos, sino que varía según las culturas, como demuestran varios ejemplos de la escultura erótica antigua)”, escribe Umberto Eco en La estructura ausente. Y, aunque no diremos que doña Rosa y Amelia tienen aspecto de semiólogas, es sabido que la cara es el espejo del alma, y se podría añadir que los gestos y movimientos reflejan estados en que ese alma se encuentra; y como las dos tienen ojos y oídos, interpretan lo que oyen y ven.

Doña Rosa se había encerrado en la cocina, pero en el tiempo de los preparativos, cuando aún no se ha encendido la lumbre ni hay riesgo de que se oxiden o resequen los alimentos, con cualquier pretexto, iba junto a Amelia, que si había encontrado la lejía, o la bayeta, como si ella no supiera dónde están las cosas. Doña Rosa se quedaba unos segundos callada y expectante, pero Amelia seguía a lo suyo y no decía nada; así hasta que doña Rosa volvía a la cocina. Pero ahora la pregunta es directa y sí, claro que le pasa algo, y por más que la comida, el vinillo y el anís templen los ánimos, las palabras de Aitor se repiten en su mente como un reloj de repetición.

-Sí, doña Rosa, algo me pasa -con un movimiento mecánico coge la botella de anís y llena de nuevo su copa-. Es por Aitor, que no sé qué mosca le ha picado; creo que está celoso. Pero si no le doy motivos, doña Rosa; vamos, que ni una mirada. La ha tomado con mi profesor porque hablo con él; de las cosas de clase mientras tomamos una cerveza, de eso es lo que hablamos; y de cine, nada más, palabra. Fíjese que ni se me había ocurrido pensar… Y encima me dice que deje la Escuela -da un pequeño sorbo- ¿Usted cree que voy a tener que dejar de estudiar? Con lo que me gusta…

-Ay, hija mía -ahora es doña Rosa quien se llena la copa-, estos hombres… ¿Cuándo van a empezar a cambiar?

Sobre el libro: Umberto Eco, La estructura ausente. Lumen. Barcelona, 1978

Sobre la imagen: Pieter Brueghel el Viejo, La torre de Babel, (1563). Museo de Historia del Arte de Viena. Fuente: Wikipedia.

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4 thoughts on “Semiótica

  1. Un buen “corte, Alfonso. Tus contenidos siempre, siempre, me llevan a lugares llenos de nostalgia, (la mía), bellos lugares, conversaciones inéditas y que curiosamente reconozco como si de un sueño se tratara. Bien … me gusta leerte.
    Feliz sábado

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    1. Buenos días, Enrique. Las nubes engañan, parece que va a caer un tormentón y lo único que traen es bochorno. Me agrada mucho que te guste leerme; yo también disfruto con tus crónicas de lo cotidiano: siempre envuelven una invitación a pensar en la vida y en sus circunstancias, además, están sazonadas con la sabiduría que da la experiencia. Gracias.

      Que tengas un buen domingo

      Le gusta a 1 persona

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