Sincronismos

Amelia está acabando de pasar la aspiradora. Con mimo ha repasado los sofás, los sillones, las sillas y las alfombras. El trajín y el ruido la distraen. Doña Rosa ha puesto las croquetas a freír; mira al reloj: falta un cuarto de hora para las dos.

“El reloj no es solamente un medio para seguir la marcha de las horas; también es un medio para sincronizar las acciones de los hombres”, escribe David S. Landes en el epígrafe de su obra Revolución en el tiempo. El reloj, efectivamente, marca la pauta del mundo moderno. La oscilación bien puede ser punto de Arquímedes y causa de la generación y propagación de la energía; es también soporte de información y por tanto alma del mundo en que vivimos: todo el sistema se funda y sostiene en el aprovechamiento de la movilidad del electrón; el reloj es el corazón que gobierna y sostiene el sistema bajo el que se organiza el cuerpo social contemporáneo.

Doña Rosa se lava las manos y se quita el mandil. Ha puesto en la mesa mantel y servilletas con labores de Lagartera, platos de La Cartuja y vasos y copas de cristal soplado, pequeños lujos con que dar solemnidad a la mesa. Amelia sale fresca de la ducha y se pone la ropa de calle. Son las dos.

Habérmelo dicho y había puesto yo la mesa, le dice a doña Rosa, Anda, anda, abre tú el vino, que ya no tengo fuerzas, replica ésta.

Dan las dos y el personal sale corriendo: es la hora de comer. Aitor camina solo, Id vosotros delante; ahora os pillo, dice. Saca el móvil del bolsillo y ve que no hay mensajes; él tampoco los ha mandado. Siente el impulso de llamar, de poner un whatsapp, pero al final decide que no, que ya se verán esta noche.

Como si fueran viejas amigas, entre sorbos de vino, dan buena cuenta de las gambas, las croquetas y la ternera.

-Moja, hija, moja, no te dé vergüenza -dice doña Rosa-; la comida es para disfrutarla y no hay que andarse con mojigaterías.

-Ya, doña Rosa, pero mañana rúcula, tomate y lechuga: todo verde y sin calorías.

-Bueno, eso mañana, pero esto hay que acabarlo.

-¿Está todo muy rico, doña Rosa -Amelia se sirve un poco más de vino-; ya me gustaría a mí cocinar así, pero no crea, soy una negada, Fíjese que en casa es Aitor el que cocina.

Doña Rosa coge al vuelo el suspiro que Amelia deja escapar.

-¡Pues ahora viene el postre! ¿A que no sabes qué hay?

-¿Puede ser algo así como tarta de manzana?

-Vaya, vaya, se nota que eres lista ¿Cómo lo has averiguado?

-Pero doña Rosa…

Imagen sacada de Internet

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6 thoughts on “Sincronismos

    1. La tarta de manzana es una debilidad de doña Rosa: en su cocina siempre hay tarta de manzana. Anoche (lo que es la casualidad) vimos una película deliciosa: “La cocinera del Presidente”. Carmen disfrutó cogiendo al vuelo las recetas, viéndola elegir los ingredientes, y sobre todo el proceso y el resultado, así que disfrutaremos de alguno de los platos presidenciales.

      Gracias, Isabel.

      Buen fin de semana y Abrazos fuertes.

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    1. Bueno, pero más adelante viene otro capitulillo. Gracias, Enrique, por lo que dices y me agrada que lo disfrutes.
      Me alegro de tu vuelta a WP; el de blogspot presenta algunas complicaciones al entrar de las que creo que te escribí algo.

      Feliz tarde de domingo y feliz semana.

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