Carrillada de ternera

Amelia entró como un torbellino. Con pasos decididos fue hacia doña Rosa y le estampó dos besos de los que alegran el día: todo era tan igual. Y sin embargo doña Rosa había sorprendido esas ojeras tan hondas, como lo fue su preocupación: nunca la había visto así. Llevó la mochila al cuarto donde se cambiaba, volvió a la cocina y se sentó a la mesa. Doña Rosa no quiso entrar en brusquedades, ya tendría tiempo de verla, observarla, con cualquier pretexto.

Sí, decididamente a esta chica le pasa algo ¿Será mal de amores? ¿Una desavenencia pasajera? A lo mejor un disgustillo de esos que la juventud tanto agranda. Se había afanado para preparar un buen menú: una buena ensalada, croquetas de jamón y gambas al ajillo; y como plato fuerte, carrillada de ternera al chocolate. Amelia se dispuso a prestarle ayuda y la echó de la cocina, Anda, anda, déjame; tú a lo tuyo; si es que me aturullo si hay alguien conmigo.

¿Habrá notado algo? Seguro que sí; menuda facha, le dijo al espejo del lavabo mientras lo limpiaba… Dejar los estudios, ¿por qué? ¿Qué tiene de malo? No, si no pienso dejarlos ¡No pienso dejarlos! Pero él me lo pide; bueno, tanto como pedir… más que un ruego parece una orden. Mira con lo que sale; ahora celoso; vamos, que si alguien me lo dice lo mando bien alto… Bueno, que se preocupe, que sepa lo que valgo. Vuelve a mirarse en el espejo y sorprende una expresión sombría. No, no, qué va, mi Aitor no es como el Artur, ni mucho menos; Hay que ver a la Choni con las gafas de sol… Con lo de siempre, que si se ha caído o se ha dado con una puerta; a ver, qué va a decir. El caso es que llega con el Artur, con las gafas de sol, la chupa de cuero, tan pegada a él, tan cariñosa… Pero a mí no, ni se le ocurra… No, mi Aitor no es de esos; ya se le pasará.

Amelia vierte un buen chorro de lejía con detergente en la taza del inodoro, mira los azulejos, el espejo, los sanitarios, la mampara, el suelo, y les da el visto bueno.

Aquí, en la mesa de la cocina, como si fuera de la familia, ¡cuernos! ¿A quién tengo yo más que a ella? ¿Quién me cuidó cuando la gripe? Y bien atendida que estuve. Porque Gonzalo ni se enteró; cuando me quiso llamar ya estaba mejor y, ¿para qué preocuparle? Está tan lejos… Se hará maestra, y entonces… entonces me quedaré sola del todo, con el cariño que la tengo… ¿Qué le habrá pasado?

Enrique, el carnicero, la deshuesó y limpió, ¿La hago filetes o la troceo? le preguntó y ella le dijo que no, que no pierda el jugo, le dijo. Luego, ya en la cocina, en la olla exprés depositó la carrillada entera, un par de hojas de laurel, una cebolla troceada en cuartos, un pimiento seco, dos o tres dientes de ajo, unos granos de pimienta negra, y añadió agua y un puñado de sal, todo en frío. Cerró la olla y la puso a fuego vivo hasta subir la presión; bajó el fuego a la mitad y la dejó cocer durante media hora. Después, sacó la carne de la olla y la colocó en una fuente. Así hasta el día siguiente.

Doña Rosa trocea la carne y la deposita en una cacerola; aparte, en una sartén sofríe media cebolla picada y tres o cuatro dientes de ajo; luego, añade una cucharadita pequeña de maicena y medio cubito de caldo de carne, Ay, Dios mío, ¿le gustará? Estoy perdiendo la mano, no sé… Ve dorado el sofrito y añade el vaso de vino tinto que había dispuesto; lo mezcla todo, aparta la sartén del fuego y añade el chocolate que previamente ha deshecho en un vaso con el caldo de la carne. Todo lo pasa por la batidora y prueba la salsa. No está nada segura; tiene el mismo miedo de la primera vez, cuando se la hizo a Raimundo y a su madre. Había aprendido con Rosario, la cocinera, ¿por qué nunca conseguiré el gusto que ella le daba? Vierte la salsa en la carne y pone la cacerola en el fuego; antes, espolvorea un poquito de pimienta blanca. A fuego lento y moviendo la cacerola de vez en cuando, está  muy atenta a que la salsa merme hasta encontrar el punto.

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4 thoughts on “Carrillada de ternera

    1. Hola, buenos días. Sí, la cabeza mezcla habilidad con pensamiento. Por eso a veces falta la sal o cualquier ingrediente que se quedó esperando en la nevera o en la alacena; o parece que no estemos atentos a lo que en ese momento nos dicen.

      Muchas gracias y un abrazo.

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