La plancha

Amelia, colgada a los pinganillos, plancha la ropa blanca al ritmo que le marca la emisora líder de la FM. Doblar, desdoblar, volver a doblar; los bordados por el envés para que se ahuequen; colocarla en la bandeja para que se enfríe.

Ay, Amelia, hija, le decía doña Rosa, qué invento este de la electricidad, qué comodidad y qué limpieza. En casa de mis padres había lavandera, y fíjate, lavar a mano con jabón lejía y añil, restregar y restregar en la pila, sobre la tabla; aclarar, retorcer y escurrir bien, con fuerza; ir al tendedero cargada con los cestos, pesadísimos, y tender; y el vecino con el anteojo -se lo contaba a la cocinera y a la doncella sin cuidarse de nosotras-, a ver si el aire me levanta las faldas ¿Y la plancha? de carbón; ah, y los trapos para evitar los brillos. Mi madre decía, mirad lo que habría que hacer si fuéramos pobres. Ay, Amelia, hija, aquello sí que era trabajo, pero ahora…

Amelia sonríe. Ve a la abuela Merche, tal como le contaba, acarreando cestos de ropa, de su casa al río y del río a su casa, lava que te lava la ropa de los que tenían posibles.

Doña Rosa se contagia de la vida de las calles que la llevan del mercado a su casa. Empuja un pequeño carro de la compra en cuyo interior reposan los ingredientes que cobrarán vida con el fuego de su cocina, la habilidad de sus manos y el arte de una alquimia aprendida a base de gusto y paciencia. Le divierten los cambios de esas calles, antaño tan aburridas, oscuras y a trasmano; hoy rebosantes de cafés, bares, tiendas exóticas, ropa, libros, música, bisutería… Entretenida y divertida, sonríe por lo que acaba de confesar Consuelito Revuelta, que, claro, ahora se comprenden los cambios.

Los pensamientos le aligeran las piernas y, cuando quiere recordar, ha traspasado el umbral del portal de su casa para encontrarse con el odioso “No funciona” colgado de la puerta del ascensor, Ay Dios mío ¡Otra vez! Menos mal que pesa poco. ¡Hala! Vamos para arriba.

En el Tercero para, respira, se seca un imaginario sudor de la frente, mira hacia arriba, ya queda uno… sube, abre y entra en casa resoplando.

Pero doña Rosa, ¿otra vez? ¿Por qué no me ha llamado? Mira que es usted terca, por no decir otra cosa… Doña Rosa le dice que la diga… sí, la otra cosa, que soy una bruta, pero hija, aún puedo, todavía no soy una vieja caduca; además, así hago ejercicio, ¡Corcho!… Anda, mete esto en la nevera mientras me quito los zapatos, que me revientan los pies. Pasado mañana te quedas a comer conmigo; te vas a chupar los dedos… Ah, y te contaré lo de Consuelito Revuelta; bueno, doña Consuelo. Aunque, bien mirado, ella es la más joven y así se explica… Ay, pero si ya es la una y te tienes que ir. Pasado mañana te lo cuento.

Imagen tomada de Internet

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5 thoughts on “La plancha

  1. Ya sólo con ver la foto me han entrado unas enormes ganas de leer el texto… Quienes hemos vivido, hace mucho pero no tanto en la relatividad del tiempo, cuanto dices en boca de Doña. Rosa me ha conmovido, siempre me nace este sentimiento cuando recuerdo la vida en que ella vivió. Para no olvidarla, hace años que escribí sobre los recuerdos de mi niñez y ahí los tengo atesorados.
    Me ha encantado todo el texto, tiene un encanto especial hoy, así me llegan a mi sus aromas.
    Un gran abrazo y que tengas un feliz domingo.

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    1. Miro un conjunto de poemas dentro de tu ‘Al son de las mareas’. El conjunto se titula: ‘Parece que nunca fue’, y dentro de él: “Faldas al vuelo, / cancanes y enaguas almidonadas… “. Son textos que se dan la mano, el tuyo y el mío, poesía y prosa: un verdadero placer.

      El domingo declina y parece que todo se recoge con él. Muchas gracias por estar ahí. Buenas noches y que tengas una feliz semana. Abrazos.

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  2. Te leo y es como si delante de mis ojos pasaran escenas de la vida cotidiana de un pasado no tan lejano. Es una delicia como describes ese paseo de Doña Rosa. Creo que le voy a tomar mucho cariño.
    Aquí sigo, asomándome a tu historia, Alfonso.
    Un besazo enorme y buena y feliz semana.

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    1. Uf… Qué día. Muy atareado con devoluciones y compras de estas por Internet. Y encima me había marcado el objetivo de publicar una entrada en Arte y denuncia. Pero qué poema de amor el tuyo, y además premiado. Resultan muy entrañables estas mujeres que luchan así contra el tiempo y el debilitamiento que conlleva. Va quedando el humor y el optimismo, y algún arranque.

      Muchos besos y felicidades de nuevo.

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      1. Cansado? Es que hay días que no acaban. Lo de Internet es cómodo, pero cuando tienes que empezar con los cambios, buffff! Tómalo con calma y si no llegas a todo, mañana más 😉 😉
        Besetes, amigo mio!

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